viernes, 14 de septiembre de 2012

Potenciar el #TalentoEmocional


O es cosa mía, o últimamente se está dando mayor relevancia a la importancia de las emociones en la empresa. En un mes, tengo previstas diferentes acciones formativas y ponencias sobre Inteligencia Emocional, y todas ellas vinculadas a la organización. 

Desde la escuela de negocios con la que colaboro, asi como empresas privadas, consultoras, organismos públicos, y cursos subvencionados, se está enfocando la formación directiva desde el desarrollo de competencias emocionales, como aspecto básico en la gestión de equipos. Lo cuál me parece más que acertado.

Y es que la estadística es clara: en la selección de directivos/as, más del 80% de las competencias que se buscan son emocionales.
Esta formación, desde mi punto de vista, estaba 'coja'. Se ha limitado a formar al directivo/a en habilidades interpersonales como comunicación, trabajo en equipo, resolución de conflictos... pero pocas veces se han trabajado las competencias personales, como la autoestima, la conciencia emocional, o el compromiso.
Y es que el comienzo está en uno mismo
El autoconocimiento o conciencia de si mismo, es la llave para poder gestionar nuestras propias emociones, automotivarse, autorregularse, y relacionarse de manera adecuada con otras personas. Sin esa base, no se puede pretender el éxito en la organización.


“Cuanto más abiertos estemos hacia nuestros propios sentimientos, mejor 

podremos leer los de los demás”. Daniel Goleman.


Está demostrado que la inteligencia emocional está directamente relacionada con el éxito personal y profesional.
Sternberg definió a las personas exitosas como 'aquellas que tienen más probabilidades de conseguir sus objetivos', y definió 20 criterios que presentan las personas exitosas, relacionadas con el liderazgo,  entre ellos: 

Reconocen los errores.
Son independientes y confían en sí mismas.
Equilibran el pensamiento analítico, creativo y práctico.
Disponen de una alta automotivación.
Se orientan hacia el producto.
Completan la tarea y llegan al final.
Tienen iniciativa.
No tienen miedo al fracaso. 
Tratan de superar las dificultades personales.
Tienen autoconfianza. 

La mayoría de estos criterios se basan en competencias personales y sociales, más allá de conocimientos técnicos o teóricos en la ejecución del trabajo. 
Al analizar a lideres que han fracasado en su gestión, la mayoría de ellos coinciden en su dificultad para implicar al equipo en el proyecto. Esa competencia, es pura inteligencia emocional, basada en la autoestima, y confianza en uno mismo, capacidad de comunicar, de inspirar, o, como se recoge en las obras sobre liderazgo:  "Liderar es fluir, influir y confluir".
Llegados a este punto parece evidente por qué se le debe dar la importancia que se merece la formación y desarrollo de competencias emocionales (especialmente a través del coaching) en la gestión de equipos.

Y es que el mayor talento de las personas que gestionan personas, y a la vez el más difícil es, sin duda, el Talento Emocional.

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